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Acoge a Jesús resucitado en tu vida.  Aunque te hayas alejado, da un pequeño paso hacia él: te está esperando con los brazos abiertos (Papa Francisco)

Cantad cristianos, cantad al Señor

Cantad cristianos, cantad al Señor,
que el Rey de los cielos, nuestro Salvador,
había muerto y resucitó.
¡Aleluya!

El gran destierro del hombre acabó,
por fin la casa del Padre se abrió,
sobre la muerte la vida triunfó.
¡Aleluya!

Resucitado en aurora triunfal,
nos da la vida el Cordero Pascual,
vida divina, la vida inmortal.
¡Aleluya!

Cantemos todos los hijos de Dios,
las maravillas que hizo el Señor,
a Él por siempre la gloria y honor.
¡Aleluya!

Mujeres santas de Jerusalén,
al alba corren a ungir al Señor,
de aromas llenan el amanecer.
¡Aleluya!

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Nuestra Filosofía
La salvación es para todos (Cfr. 1 Tm 2,3-4)
«Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican» (Lc 11,28)
¡Que el EspírituSanto nos ilumine y la Virgen María nos acompañe por siempre!

 

EL PAPA RESUME EN ESPAÑOL SU CATEQUESIS SOBRE EL MATRIMONIO:

"Asumamos seriamente la responsabilidad que se desprende de este vínculo indisoluble"

Francisco habla en la audiencia general sobre “la belleza del matrimonio cristiano”
En la audiencia general el Papa reflexionó de nuevo sobre el matrimonio y la forma de amar entre esposos.

Los 9 consejos del Papa Francisco para un matrimonio verdaderamente feliz

1. La casa se construye juntos
2. Cómo perder el miedo al «para siempre»: una cuestión de calidad
3. La oración que deben rezar los novios y de los esposos
4. Aprender a pedir permiso
5. Aprender a decir gracias
6. Aprender a pedir perdón
7. Ver el matrimonio como una fiesta
8. Las bodas deben ser sobrias
9. El matrimonio supone un trabajo de los dos

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II. El deseo de felicidad

 

1718 Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer:

 

«Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada» (San Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae, 1, 3, 4).

 

«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» (San Agustín, Confessiones, 10, 20, 29).

 

«Sólo Dios sacia» (Santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in Deum» expositio, c. 15).

 

1719 Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza. Esta vocación se dirige a cada uno personalmente, pero también al conjunto de la Iglesia, pueblo nuevo de los que han acogido la promesa y viven de ella en la fe.

(Favor ver las notas al margen del DISCURSO EVANGÉLICO, en el archivo adjunto, en la parte inferior de este artículo)

 

Fuente:
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (#1716 a 1729)

TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO

PRIMERA SECCIÓN
LA VOCACIÓN DEL HOMBRE: LA VIDA EN EL ESPÍRITU
CAPÍTULO PRIMERO: LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
ARTÍCULO 2: NUESTRA VOCACIÓN A LA BIENAVENTURANZA

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I. Las bienaventuranzas

1716 Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas Jesús recoge las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona ordenándolas no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los cielos:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

(Mt 5,3-12)

Resumen

1725 Las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde Abraham ordenándolas al Reino de los cielos. Responden al deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre.

1726 Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios nos llama: el Reino, la visión de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en Dios.

1727 La bienaventuranza de la vida eterna es un don gratuito de Dios; es sobrenatural como también lo es la gracia que conduce a ella.

1728 Las bienaventuranzas nos colocan ante opciones decisivas con respecto a los bienes terrenos; purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios sobre todas las cosas.

1729 La bienaventuranza del cielo determina los criterios de discernimiento en el uso de los bienes terrenos en conformidad a la Ley de Dios.

 

(Favor ver las notas al margen del DISCURSO EVANGÉLICO, en el archivo adjunto, en la parte inferior de este artículo)

 

Fuente:
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (#1716 a 1729)

TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO

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CAPÍTULO PRIMERO: LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
ARTÍCULO 2: NUESTRA VOCACIÓN A LA BIENAVENTURANZA

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