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Espíritu Santo, enciende tu luz en nuestras mentes, infunde tu amor en nuestros corazones, y, a la debilidad de nuestra carne, vigorízala con redoblada fuerza.

Oración después de leer la Biblia

 

Nuestra Filosofía

La salvación es para todos (Cfr. 1 Tm 2,3-4)
«Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican» (Lc 11,28)
¡Que el Espíritu Santo nos ilumine y la Virgen María nos acompañe y proteja por siempre!

 

HOY, MIÉRCOLES DE CENIZA. REFLEXIÓN ESPIRITUAL DE BENEDICTO XVI

Hoy, miércoles de Ceniza, comenzamos el camino cuaresmal: un camino que dura cuarenta días y que nos lleva a la alegría de la Pascua del Señor.

Que los cuarenta días de preparación de la Pascua son tiempo favorable y de gracia lo podemos entender precisamente en la llamada que el austero rito de la imposición de la ceniza nos dirige: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás". Nos remite así a lo que el Señor dijo a Adán después de la culpa original.

Frente al miedo innato del fin, y más aún en el contexto de una cultura que de muchas maneras tiende a censurar la realidad y la experiencia humana de la muerte, la liturgia cuaresmal, por un lado, nos recuerda la muerte invitándonos al realismo y a la sabiduría; pero, por otro, nos impulsa sobre todo a captar y a vivir la novedad inesperada que la fe cristiana irradia en la realidad de la muerte misma. El hombre es polvo precioso a los ojos de Dios, porque Dios ha creado al hombre destinándolo a la inmortalidad.

Mediante su muerte en la cruz, Cristo se convirtió en fuente de una gracia donada a quienes creen en Él y de este modo participan de la misma vida divina. Esta vida que no tendrá fin comienza ya en la fase terrena de nuestra existencia, pero alcanzará su plenitud después de "la resurrección de la carne".

Benedicto XVI, Audiencia General, Miércoles 17 de febrero de 2010

 

 

Humildad, Coherencia y Obediencia para imitar a La Sagrada Familia (Jesús, María y José) 

La gente pide la bendición de la Cruz:
La cruz que Jesús aceptó por amor al Padre y a nosotros y en la cuál fue levantado en alto el viernes santo fuera de Jerusalén, con tanto sacrificio y dolor, es la cruz que vence el odio con el amor, la que nos protege del mal mortal de la separación de Dios y la división entre los hermanos. Es la cruz que nos une con Dios y con los otros en la comunidad en la familia; es la cruz que nos vivifica y fortalece en el combate espiritual diario, para salir al encuentro con el otro y compartir al amor de Dios como comunidad, como familia, como Pueblo de Dios.  Bajo el signo de la cruz, reciban la bendición de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. (es.radiovaticana.va)

 

  1. Jesucristo me dejó inquieto

  2. Coronilla de la Misericordia - siervosdecristo

  3. Nuestra Señora de los Ángeles

  4. San Juan Pablo II Santo Rosario

  5. ¡Oh, buen Jesús! - siervosdecristo.org

  6. El Camino de la Cruz según los Evangelios (Vía Crucis)

  7. Plan: La salvación es para todos (SiervosdeCristo)

  8. Oración al Espíritu Santo este vídeo cambiará tu vida - Pentecostés

  9. Catequesis sobre los dones del Espíritu Santo (Papa Francisco)

 

Fundación Siervos de Cristo

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La salvación es para todos (Cfr. 1 Tm 2,3-4)
«Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican» (Lc 11,28)
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Humildad, Coherencia y Obediencia para imitar a La Sagrada Familia (Jesús, María y José)

 

1) María, Humildad: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1,38)
2) Jesús, Coherencia: «Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican» (Lc 11,28)
3) José, Obediencia : «Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa» (Mateo 1,24)

 

Nota: la elección de estos atributos es un tanto arbitraria, por cuanto Jesús, María y José son modelo de todas las virtudes de la familia humana; bien podría haberse elegido la pobreza, castidad y obediencia u otra tríada de virtudes.

 

Oración del Papa Francisco por las familias, a la Sagrada Familia de Nazaret

 

MIÉRCOLES DE CENIZA. REFLEXIÓN ESPIRITUAL DE BENEDICTO XVI

 

La gente pide la bendición de la Cruz:
La cruz que Jesús aceptó por amor al Padre y a nosotros y en la cuál fue levantado en alto el viernes santo fuera de Jerusalén, con tanto sacrificio y dolor, es la cruz que vence el odio con el amor, la que nos protege del mal mortal de la separación de Dios y la división entre los hermanos. Es la cruz que nos une con Dios y con los otros en la comunidad en la familia; es la cruz que nos vivifica y fortalece en el combate espiritual diario, para salir al encuentro con el otro y compartir al amor de Dios como comunidad, como familia, como Pueblo de Dios.  Bajo el signo de la cruz, reciban la bendición de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. (es.radiovaticana.va)

 

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IMÁGENES BÍBLICAS DE LA IGLESIA

1. REDIL (Jn 10,1-10)
2. LABRANZA - VID (Jn 15,1-8; Mt 21,33-43; 1 Cor 3, 6-9)
3. CONSTRUCCIÓN (1 Cor 3, 9-15; 1 Pe 2,5-8)
4. JERUSALEN DE ARRIBA (Gal 4, 21-31)
5. TEMPLO SANTO (1 Cor 3, 16-17)
6. MADRE Y MAESTRA (1 Tm 3,15; 5,3-4)
7. PUEBLO DE DIOS (1 Pe 2,9-10)
8. ESPOSA (Ap 19,1; 21,2-9; 22,17; Ef 5,26)
9. GERMEN DEL REINO (Mt 13,24-32)
10. CUERPO DE CRISTO (1 Cor 12,12-26)

 

Arquidiócesis de Medellín

Comunidades Eclesiales por el Reino de Dios (CER)

Día de formación: septiembre 20 de 2015

“CREO EN LA IGLESIA”

La Fundación Siervos de Cristo participa activamente y apoya a las Comunidades Eclesiales por el Reino de Dios (CER)

www.siervosdecristo.org

CREO EN LA IGLESIA, Día de formación, Comunidades Eclesiales por el Reino de Dios (CER)

 

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica (Catecismo de la Iglesia Católica 811-870)

Gratitud y Testimonio, siervosdeCristo.org

Dones del Espíritu Santo 

 

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“Dios quiere una Iglesia pobre, que se ponga al servicio de los últimos”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la celebración de las vísperas de este XXV Domingo del Tiempo Ordinario en la Catedral de La Habana.

“Servir al pobre y al más pequeño, es servir a Jesús”, el Papa a los Religiosos cubanos

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica (Catecismo de la Iglesia Católica 811-870)

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Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20)

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La Iglesia es una, santa, católica y apostólica (Catecismo de la Iglesia Católica 811-870)

Resumen

866La Iglesia es una: tiene un solo Señor; confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un solo Espíritu, orientado a una única esperanza (cfEf 4, 3-5) a cuyo término se superarán todas las divisiones.

867La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica. Aunque comprenda pecadores, ella es "ex maculatis immaculata" ("inmaculada aunque compuesta de pecadores"). En los santos brilla su santidad; en María es ya la enteramente santa.

868La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; "es, por su propia naturaleza, misionera" (AG 2).

869La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: los doce Apóstoles del Cordero (Ap 21, 14); es indestructible (cf.Mt 16, 18); se mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los demás Apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el colegio de los obispos.

870"La única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica[...]subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, aunque sin duda, fuera de su estructura visible, pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad " (LG 8).

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica (Catecismo de la Iglesia Católica 811-870)

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.

Yo Soy (las siete fórmulas por las que Jesús se define a sí mismo; 7 indica la totalidad)

La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.

La Fundación Siervos de Cristo participa activamente y apoya a las Comunidades Eclesiales por el Reino de Dios (CER):

Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20)

Gratitud y Testimonio, siervosdeCristo.org

 

 

Dones del Espíritu Santo 

Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Sabiduría!


Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Inteligencia!

Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Consejo!

Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Fortaleza!

Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Ciencia!

Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Piedad!

Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Temor de DIOS!

 

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La salvación es para todos (Cfr. 1 Tm 2,3-4)
«Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican» (Lc 11,28)
¡Que el EspírituSanto nos ilumine y la Virgen María nos acompañe por siempre!

 

 

Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Temor de DIOS!

Temor de Dios: Espíritu contrito ante Dios, concientes de las culpas y del castigo divino, pero dentro de la fe en la misericordia divina. Temor a ofender a Dios, humildemente reconociendo nuestra debilidad. Sobre todo: temor filial, que es el amor de Dios: el alma se preocupa de no disgustar a Dios, amado como Padre, de no ofenderlo en nada, de "permanecer" y de crecer en la caridad (cfr Jn 15, 4-7).

S.S. Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo, 11 -VI-1989.

1. Hoy deseo completar con vosotros la reflexión sobre los dones del Espíritu Santo. El Ultimo, en el orden de enumeración de estos dones, es el don de temor de Dios.

La Sagrada Escritura afirma que "Principio del saber, es el temor de Yahveh" (Sal 110/111, 10; Pr 1, 7). ¿Pero de que temor se trata? No ciertamente de ese «miedo de Dios» que impulsa a evitar pensar o acordarse de El, como de algo que turba e inquieta. Ese fue el estado de ánimo que, según la Biblia, impulsó a nuestros progenitores, después del pecado, a «ocultarse de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín» (Gen 3, 8); este fue también el sentimiento del siervo infiel y malvado de la parábola evangélica, que escondió bajo tierra el talento recibido (cfr Mt 25, 18. 26).

Pero este concepto del temor-miedo no es el verdadero concepto del temor-don del Espíritu. Aquí se trata de algo mucho más noble y sublime: es el sentimiento sincero y trémulo que el hombre experimenta frente a la tremenda malestas de Dios, especialmente cuando reflexiona sobre las propias infidelidades y sobre el peligro de ser «encontrado falto de peso» (Dn 5, 27) en el juicio eterno, del que nadie puede escapar. El creyente se presenta y se pone ante Dios con el «espíritu contrito» y con el «corazón humillado» (cfr Sal 50/51, 19), sabiendo bien que debe atender a la propia salvación «con temor y temblor» (Flp, 12). Sin embargo, esto no significa miedo irracional, sino sentido de responsabilidad y de fidelidad a su ley.

2. El Espíritu Santo asume todo este conjunto y lo eleva con el don del temor de Dios. Ciertamente ello no excluye la trepidación que nace de la conciencia de las culpas cometidas y de la perspectiva del castigo divino, pero la suaviza con la fe en la misericordia divina y con la certeza de la solicitud paterna de Dios que quiere la salvación eterna de todos. Sin embargo, con este don, el Espíritu Santo infunde en el alma sobre todo el temor filial, que es el amor de Dios: el alma se preocupa entonces de no disgustar a Dios, amado como Padre, de no ofenderlo en nada, de "permanecer" y de crecer en la caridad (cfr Jn 15, 4-7).

3. De este santo y justo temor, conjugado en el alma con el amor de Dios, depende toda la práctica de las virtudes cristianas, y especialmente de la humildad, de la templanza, de la castidad, de la mortificación de los sentidos. Recordemos la exhortación del Apóstol Pablo a sus cristianos: "Queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios» (2 Cor 7, 1).

Es una advertencia para todos nosotros que, a veces, con tanta facilidad transgredimos la ley de Dios, ignorando o desafiando sus castigos. Invoquemos al Espíritu Santo a fin de que infunda largamente el don del santo temor de Dios en los hombres de nuestro tiempo. Invoquémoslo por intercesión de Aquella que, al anuncio del mensaje celeste o se conturbó» (Lc 1, 29) y, aun trepidante por la inaudita responsabilidad que se le confiaba, supo pronunciar el fiat» de la fe, de la obediencia y del amor.
(youtu.be)

¡Dones del Espíritu Santo!

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Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Piedad!

Piedad: Sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios como Padre y para con los hermanos como hijos del mismo Padre. Clamar ¡Abba, Padre!
Un hábito sobrenatural infundido con la gracia santificante para excitar en la voluntad, por instinto del E.S., un afecto filial hacia Dios considerado como Padre y un sentimiento de fraternidad universal para con todos los hombres en cuanto hermanos e hijos del mismo Padre.

S.S. Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo, 28-V-1989.

1. La reflexión sobre los dones del Espíritu Santo nos lleva, hoy, a hablar de otro insigne don: la piedad. Mediante este, el Espíritu sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios y para con los hermanos.

La ternura, como actitud sinceramente filial para con Dios, se expresa en la oración. La experiencia de la propia pobreza existencial, del vació que las cosas terrenas dejan en el alma, suscita en el hombre la necesidad de recurrir a Dios para obtener gracia, ayuda y perdón. El don de la piedad orienta y alimenta dicha exigencia, enriqueciéndola con sentimientos de profunda confianza para con Dios, experimentado como Padre providente y bueno. En este sentido escribía San Pablo: «Envió Dios a su Hijo..., para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo...» (Gal 4, 4-7; cfr Rom 8, 15).

2. La ternura, como apertura auténticamente fraterna hacia el prójimo, se manifiesta en la mansedumbre. Con el don de la piedad el Espíritu infunde en el creyente una nueva capacidad de amor hacia los hermanos, haciendo su Corazón de alguna manera participe de la misma mansedumbre del Corazón de Cristo. El cristiano «piadoso» siempre sabe ver en los demás a hijos del mismo Padre, llamados a formar parte de la familia de Dios, que es la Iglesia. Por esto el se siente impulsado a tratarlos con la solicitud y la amabilidad propias de una genuina relación fraterna.

El don de la piedad, además, extingue en el corazón aquellos focos de tensión y de división como son la amargura, la cólera, la impaciencia, y lo alimenta con sentimientos de comprensión, de tolerancia, de perdón. Dicho don está, por tanto, en la raíz de aquella nueva comunidad humana, que se fundamenta en la civilización del amor.

3. Invoquemos del Espíritu Santo una renovada efusión de este don, confiando nuestra súplica a la intercesión de Maria, modelo sublime de ferviente oración y de dulzura materna. Ella, a quien la Iglesia en las Letanías lauretanas Saluda como Vas insignae devotionis, nos ensetie a adorar a Dios «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23) y a abrirnos, con corazón manso y acogedor, a cuantos son sus hijos y, por tanto, nuestros hermanos. Se lo pedimos con las palabras de la «Salve Regina»: «i... 0 clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria!».
(youtu.be)

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Dones del Espíritu Santo - ¡Don de Ciencia!
Ciencia: Nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador.
S.S. Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo, 23-IV-89

1. La reflexión sobre los dones del Espíritu Santo, que hemos comenzado en los domingos anteriores, nos lleva hoy a hablar de otro don: el de ciencia, gracias al cual se nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador.

Sabemos que el hombre contemporáneo, precisamente en virtud del desarrollo de las ciencias, está expuesto particularmente a la tentación de dar una interpretación naturalista del mundo; ante la multiforme riqueza de las cosas, de su complejidad, variedad y belleza, corre el riesgo de absolutizarlas y casi de divinizarlas hasta hacer de ellas el fin supremo de su misma vida. Esto ocurre sobre todo cuando se trata de las riquezas, del placer, del poder que precisamente se pueden derivar de las cosas materiales. Estos son los ídolos principales, ante los que el mundo se postra demasiado a menudo.

2. Para resistir esa tentación sutil y para remediar las consecuencias nefastas a las que puede llevar, he aquí que el Espíritu Santo socorre al hombre con el don de la ciencia. Es esta la que le ayuda a valorar rectamente las cosas en su dependencia esencial del Creador. Gracias a ella -como escribe Santo Tomás-, el hombre no estima las criaturas más de lo que valen y no pone en ellas, sino en Dios, el fin de su propia vida (cfr S. Th., 11-II, q. 9, a. 4).

Así logra descubrir el sentido teológico de lo creado, viendo las cosas como manifestaciones verdaderas y reales, aunque limitadas, de la verdad, de la belleza, del amor infinito que es Dios, y como consecuencia, se siente impulsado a traducir este descubrimiento en alabanza, cantos, oración, acción de gracias. Esto es lo que tantas veces y de múltiples modos nos sugiere el Libro de los Salmos. ¿Quien no se acuerda de alguna de dichas manifestaciones? "El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la obra de sus manos" (Sal 18/19, 2; cfr Sal 8, 2); "Alabad al Señor en el cielo, alabadlo en su fuerte firmamento... Alabadlo sol y Luna, alabadlo estrellas radiantes" (Sal 148, 1. 3).

3. El hombre, iluminado por el don de la ciencia, descubre al mismo tiempo la infinita distancia que separa a las cosas del Creador, su intrínseca limitación, la insidia que pueden constituir, cuando, al pecar, hace de ellas mal uso. Es un descubrimiento que le lleva a advertir con pena su miseria y le empuja a volverse con mayor Ímpetu y confianza a Aquel que es el único que puede apagar plenamente la necesidad de infinito que le acosa.

Esta ha sido la experiencia de los Santos... Pero de forma absolutamente singular esta experiencia fue vivida por la Virgen que, con el ejemplo de su itinerario personal de fe, nos enseria a caminar "para que en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegria" (Oración del domingo XXI del tiempo ordinario).
(youtu.be)

 

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